Bélgica, la fábrica europea de diseñadores de éxito

Bélgica se ha convertido en los últimos años en una fábrica exportadora de diseñadores y en un modelo de éxito frente a las poderosas marcas de París o Nueva York, lo que ha motivado al Gobierno belga a seguir apoyando la moda nacional para convertirla en un reclamo internacional.

El ejemplo belga se ha convertido en un caso de estudio en las escuelas por haber convertido el "Hecho en Bélgica" en una señal de calidad en tan solo 35 años, con Bruselas y Amberes disputándose el trono de capital de la moda europea, al aprovechar su ubicación en el corazón del continente para importar y exportar talentos.

"Si Amberes siempre ha sido reconocida por la moda internacional, Bruselas está comenzando a serlo. Las instituciones han comprendido que ayuda a mejorar la imagen del país, atrae turismo, además de la exportación de las marcas", opina el francés Philippe Pourhashemi, consultor de moda asentado en Bruselas.

La historia no es nueva: los llamados Seis de Amberes (Dirk Bikkembergs, Ann Demeulemeester, Walter van Beirendonck, Dries Van Noten, Dirk Van Saene y Marina Lee) tuvieron un ascenso fulgurante en los años 80 cuando la prensa internacional descubrió sus colecciones en Londres.

Poco después, Martin Margiela transformó el concepto del lujo y sacó a la moda del glamour de los años 80, impuesto por Christophe Lacroix o Donna Karan, para lograr el triunfo del minimalismo.

Para Pourhashemi, que trabaja como "coach" de jóvenes talentos de la moda, en Bélgica "son alternativos" y "hay ganas de hacer cosas diferentes", una característica que viene de la clara desventaja de recursos si se compara con las grandes casas francesas o italianas.

Eso ha obligado a tirar de ingenio, "ser radicales" y "apostar por el espectáculo" en pasarela, como hacen Walter van Beirendonck o Olivier Theyskens.

"Aunque no les gusta que bloqueen su creatividad, al mismo tiempo quieren vender, son muy pragmáticos, y el gobierno ha comprendido que era importante apoyarles y tener incubadoras que den las herramientas para triunfar", explica Pourhashemi.

Bélgica cuenta con dos de las mejores escuelas de moda, con financiación pública: la Cambre de Bruselas y la Real Escuela de Bellas Artes de Amberes, conocidas por su trayectoria, el empuje que dan a sus alumnos para que creen y no reinterpreten y la exigencia, pues tan solo unos cuantos logran graduarse.

Además de los Seis de Amberes y Martin Margiela, de ellas han salido Anthony Vaccarello, en la dirección de Saint Laurent, Raf Simons, que tras Dior pasó a Calvin Klein, Olivier Theyskens, que busca el éxito en solitario después de Rochas, Nina Ricci o Glenn Martens, el último prodigio nacional, con su marca Y/Project, que desfila en París.

Al éxito internacional se le suma el orgullo patrio con el que los belgas compran moda de su país, fácil de encontrar en cualquier tienda multimarca, y movimientos como "Yo compro belga", para alentar el consumo de diseño nacional.

"Una de las razones de venir aquí es empaparme de la cultura de moda. La gente se fija en la pasarela de Nueva York o París y no mira que en Europa están pasando muchas cosas", asegura Tatiana de la Fuente, responsable de relaciones externas del IED Barcelona, que estos días participa en la Cumbre de Moda Europea en Bruselas y en las Fashion Talks de Amberes.

El éxito de sus escuelas es tal que cada vez son más los extranjeros que vienen a estudiar: de ahí algunos pasan a París para trabajar en los "ateliers" más prestigiosos o deciden quedarse y aprovechar el tirón nacional para usar la etiqueta belga, como Lena Lumelski, nacida en Crimea.

En paralelo a las escuelas, plataformas de carácter regional como MAD, Flanders DC o Wallonie-Bruxelles Design Mode funcionan como "think tanks" al tiempo que mueven el talento belga por ferias internacionales, otorgan becas y organizan algunas de las conferencias más sonadas del sector.

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