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Los puños de una nación

Las opiniones emitidas en el presente escrito son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen la posición del medio.

Hace algunos años caminaba por Vía Argentina con una amiga dominicana que visitaba Panamá. Íbamos rumbo al ya desaparecido Aleph, a tomar unas copas y escuchar música. En el camino nos encontramos un personaje que caminaba en chancletas, bermudas y camiseta sin mangas, como si estuviera en el patio de su casa.

Mi amiga casi se desmaya. Su ídolo, el cinco veces campeón mundial de boxeo, Roberto “Mano de Piedra” Durán, estaba allí frente a nosotros, saludando, repartiendo besos y abrazando. No podía creer la cercanía que mostraba el famoso boxeador; es algo que solo entendemos los panameños porque Durán nos pertenece a todos, y todos sentimos a Durán no solo como alguien cercano, sino como parte de nuestra familia y de la historia de Panamá.

Durán es un símbolo, pero no hay nada simbólico en él.

Estos días reviví algunos de los momentos más emocionantes de la historia profesional de Durán, a través del primero de los documentales de la nueva serie de Telemetro, Grandes panameños. ¡Y vaya si me emocioné!

Las glorias y las tristezas del cholo Durán fueron siempre las de todos los panameños, desde que ganó su primer título mundial en pelea con Ken Buchanan, en una especie de revancha nacional que permitió devolverle el golpe a aquel escocés que osó despojar del cinturón a otro de los nuestros, Ismael Laguna.

Los años de gloria boxística de Durán coinciden con los últimos años de lucha reivindicativa de los panameños por terminar con la presencia colonial en la Zona del Canal, de manera que sus peleas, sobre todo si el rival era de Estados Unidos, como Sugar Ray Leonard, eran como un asalto que librábamos todos los panameños con el imperio. Ni más ni menos.

Justamente ese aspecto es el que desarrolla el documental de Pituka Ortega-Heilbron sobre Roberto Durán, cuyo nombre copié para este artículo. Los puños de Durán fueron sin duda los puños de toda una Nación en busca de su total soberanía.

Todo Panamá e incluso toda Latinoamerica, festejó, sufrió y lloró con los vaivenes de la carrera de "El Cholo" Durán, uno de los boxeadores más importantes de todos los tiempos. Lo dicen los que saben; yo de boxeo no sé nada. En realidad, nunca más he visto una pelea de boxeo. Mi “pasión” por la actividad empezó y terminó con “Mano de Piedra”.

Pero Roberto Durán no solo fue un extraordinario boxeador, sino que desde el inicio de su carrera mostró un carisma extraordinario que no ha disminuido con los años. Donde llega sigue causando revuelo y admiración, ya sea mientras participa en el programa de competencias C7VIP, o si acompaña a los atletas panameños en competiciones internacionales. Al ser reconocido, las cámaras, los periodistas y la gente sencilla lo buscan, se toman fotos, le piden autógrafos. Roberto Durán sigue siendo un fenómeno social.

Ahora, con la sabiduría de sus más de 60 años y como debe ser, le saca partido a ese carisma y a quien lo quiera utilizar. Y su participación en eventos, comerciales, etc. es permanente, pero nunca incluye incondicionalidad. Durán es un espíritu libre y siempre lo será.

El gobierno de Ricardo Martinelli lo utilizó para múltiples campañas, buscando sumar apoyos y esconder controversias. Sin embargo, tras el resultado electoral y la derrota del partido en el poder, Roberto continuó siendo el de siempre; nada les debía.

Pocas semanas después del cambio de Gobierno, Roberto Durán apareció en Telemetro Reporta quejándose del incumplimiento de las promesas de la pasada administración en materia deportiva. “Se quedaron en pura palabrería…. esa gente no hizo nada…. el ministro de la Presidencia me dijo que invertirían en deporte…. el  griego ese que fue ministro, cómo es que es que se llamaba”, preguntó sin rubor alguno.  “¿Papadimitriu?”, dijo el periodista. “Sí, ese mismo”, sentenció.

Sí, a Roberto “Mano de Piedra” Durán lo usaron en pila, pero olvidaron que sus puños no pueden ser comprados…. son los puños de una Nación.