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De la mujer maravilla a superman

Tiempos complejos y difíciles los que corren. Tiempos en que un millonario sin trayectoria en la administración pública llega a la Casa Blanca con el voto de la desilusión, del desamparo, del miedo, de la rabia. Tiempos para reflexionar sobre el significado de la democracia; tiempos para defender los derechos y las libertades; tiempos de resistencia.

Estados Unidos y el mundo entero -al menos el mundo que respeta los derechos humanos, que cree en la urgencia de proteger el planeta de nosotros mismos, o que aplaude la diversidad- se fue a la cama el martes 8 de noviembre con una sensación de desasosiego, de angustia. Donald Trump había ganado las elecciones, contra todo pronóstico, con todo en contra.

Pero en realidad fue mucho lo que tuvo a favor. En primer lugar, Donald Trump prometió el cambio; esa palabra mágica que lo incluye todo y que seduce a casi todos.

Después de dos períodos presidenciales demócratas, era muy difícil que el electorado concediera un nuevo mandato a quién representaba la continuidad. Y aunque Barack Obama trabajó duro por enfrentar los estragos de la crisis económica de 2008, Hillary Clinton no pudo sumar a todos esos entusiastas demócratas que hicieron historia al llevar a la Casa Blanca al primer presidente negro. Todo lo contrario.

La base del partido demócrata se había partido en dos durante las primarias por una y mil razones, y una buena cantidad de seguidores de Bernie Sanders, no perdonó lo que el aparato del Partido Demócrata le hizo a su líder. Y se vengaron.

La paradoja es que el discurso de Sanders contra los especuladores de Wall Street, contra las injusticias del sistema y a favor de los grupos más afectados por la globalización, acabó siendo el discurso de Donald Trump; un discurso que provocó que muchos, especialmente en los Estados del llamado "cinturón del óxido", salieran a votar con rabia y esperanzados en un cambio que les beneficiase.  Aquí, el presidente electo tiene un gran desafío; sus votantes estarán esperando.

Apuntalando la esperanza de que ese exitoso hombre de negocios -un macho alfa- cambie la dura realidad de tantos en los sectores rurales empobrecidos de Estados Unidos, estuvo presente el machismo y el fundamentalismo religioso que está haciendo estragos allá y acá.

Lo cierto es que, al contrario de los señores de Naciones Unidas que buscaron a la Mujer Maravilla como símbolo de la igualdad de género, por esos pueblos republicanos empobrecidos siguen prefiriendo a Súperman. Superman Trump.

Del papel de los medios hay poco que agregar a lo dicho estos días. Fallaron estrepitosamente en contar lo que realmente estaba pasando y lo que estaban sintiendo aquellos que hicieron la diferencia en las comunidades rurales y pequeñas ciudades. Los medios se convirtieron en cajas de resonancia de las atorrancias  o directamente atrocidades dichas por Donald Trump durante la campaña, haciéndolo el candidato anti establishment; es decir, el cándido que estaban esperando impacientes.

Donald Trump es el presidente electo de Estados Unidos, porque tuvo mucho a favor aunque parecía lo contrario. Ahora, la otra mitad de Estados Unidos que lo repudia tiembla, como tiembla el mundo entero ante la posibilidad de que construya el famoso muro, haciendo crecer la xenofobia, el odio y la intolerancia, o que provoque un retroceso en materia de derechos humanos y libertades; o que suspenda todos los apoyos de Estados Unidos relacionados con el cambio climático e impulse un proceso que elimine las normas en materia ambiental; o que tome decisiones internacionales que provoquen una catástrofe. La lista es larga y es de miedo.

Por ello, como han propuesto algunos, especialmente el cineasta Michael Moore, son tiempos de organizarse y resistir. No queda de otra.