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Negarlo hasta la muerte

Me cuenta un amigo que cuando se iba a casar, recibió un sorprendente consejo de quien sería su suegro: "si alguna vez mi hija te encuentra con otra mujer, no se te ocurra reconocer nada y pedir perdón. Tú niégalo, niégalo hasta la muerte".

Estos días, con la audiencia de Ricardo Martinelli en Miami de telón de fondo, me acordé de esa historia. Todo indica que don Ricardo está dispuesto a seguir negándolo todo, a pesar de la contundencia de las pruebas, incluyendo los testimonios de tantos que padecieron el abuso del poder que un día tuvo y ejerció sin límite alguno, comprando conciencias y doblegando voluntades, a punta de una bolsa ilimitada y de información ilegalmente obtenida.

Algo así como aquel famoso griego que negó categóricamente que se estaba apropiando a la brava de tierras costeras en Juan Hombrón.

Como es del conocimiento general, Ricardo Martinelli no violó la intimidad de nadie en Panamá, ni escuchó las comunicaciones privadas; tampoco utilizó el poder estatal para convertir en negocio cada proyecto público, cada obra, cada actividad. No convirtió su mandato en una asociación ilícita para delinquir. No hizo nada de eso.

Sin embargo, las acciones de don Ricardo parecen desmentirlo y, como diría la creciente tropa que ha sustituido la Constitución por la Biblia en este país, "por sus frutos lo conoceréis".

Tras el descalabro electoral, empezaron los "frutos". Primero, se produjo el desmantelamiento del equipo de escuchas, el famoso Pegasus comprado en tiempos de Gustavo Pérez.

Aunque el expresidente niega toda responsabilidad y dijo no saber nada del mentado Pegasus, todo sucedió cuando aún era presidente de la República y en consecuencia jefe del Consejo de Seguridad. Las nuevas autoridades encontraron todo desmantelado, y así lo mostraron a los periodistas, muchos de los cuales habían sufrido los embates del cacique de Soná a su paso por el Palacio de Las Garzas.

Don Ricardo no tuvo nada que ver con las escuchas telefónicas, hackeos y demás violaciones a la intimidad. Sin embargo, parte del equipo apareció en las oficinas de la empresa familiar, y los famosos Ronny, Willian y Didier, el trío a cargo de las escuchas, desapareció. Hasta hoy.

Luego vino su salida en estampida del país al tomar posesión el nuevo presidente Juan Carlos Varela. Fue algo muy singular, porque corrió a Guatemala a pedir que le dieran de alta con urgencia en esa cofradía llamada Parlamento Centroamericano, que una vez bautizó como "cueva de ladrones". Don Ricardo movió cielo y tierra para tomar posesión del cargo de diputado centroamericano de inmediato, a pesar de que el organismo estaba en receso. Por lo visto, y a pesar de su inocencia, le urgía la protección que en forma de inmunidad, pensó que le otorgaba el cargo internacional.

Eso fue hace ya tres años, mientras las injustas denuncias en su contra se acumulan en la Corte Suprema de Justicia, esa misma Corte que está formada por cinco magistrados que él nombró, entre los que destaca el hoy presidente del Órgano Judicial, José Ayú Prado, quien durante el mandato de Martinelli rompió el récord de ascensos, pasando de fiscal a Procurador General de la Nación y de allí a magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

En este punto y nuevamente con la audiencia de extradición por los delitos vinculados a las escuchas como marco, es necesario dar un paso hacia atrás; al pasado.

Año 2009; un exultante Ricardo Martinelli celebra el triunfo electoral y empieza a hacer planes. Ya conoce a la entonces embajadora de Estados Unidos en Panamá, Barbara Stephenson -la unión Varela-Martinelli se gestó en la casona de La Cresta-, por lo que se siente en confianza de pedirle que lo ayude a realizar escuchas telefónicas con los equipos que controla Estados Unidos para casos de narcotráfico; el famoso Matador.

La embajadora se alarma y le dice que no, lo que provoca que el nuevo Presidente le advierta que Panamá podría reducir la cooperación en las actividades contra el narcotráfico. Nada menos.

El episodio, y seguro que muchos otros, provocó que Stephenson escribiera uno de esos cables que luego se conocieron gracias a Wikileaks, y que dejó en evidencia lo que los entendidos han calificado como la mejor descripción de Ricardo Martinelli Berrocal: "tiene una tendencia al acoso y al chantaje que si bien lo había llevado al estrellato en el mundo de los supermercados......es poco propia de un estadista". Y con relación a su pedido de escuchas telefónicas, Stephenson dijo que Ricardito, como lo llaman sus allegados, "no hacía distinción entre objetivos legítimos y enemigos políticos".

Y claro, si tienes "tendencia al acoso y al chantaje", poder utilizar recursos públicos para obtener información privada de sus enemigos políticos, debe haber sido el paraíso.

No tengo idea de qué habrá sido de la vida de Barbara Stephenson, pero pienso que sería una testigo estrella en este primer caso que ha llevado al expresidente Martinelli a una cárcel federal de Miami, mientras quienes lo siguen apoyando y por supuesto sus abogados, insisten en que es inocente y que todo es una persecución política. Parecen no recordar la frase bíblica.

No hay duda, Ricardo Martinelli y sus compinches negarán hasta la muerte todo lo que hicieron, aunque las pruebas de sus fechorías se acumulen y se acumulen. Seguramente todos ellos recibieron el mismo consejo del suegro de mi amigo: aunque te agarren, niégalo hasta la muerte.