Separan con contenedores a presos de bandas rivales en nordeste de Brasil

La policía brasileña empezó a construir el sábado un muro de contenedores para separar a presos de las dos bandas rivales que desde hace ocho días protagonizan sangrientos enfrentamientos en la cárcel de Alcaçuz, en Natal (nordeste).

Las fuerzas especiales de la policía ingresaron por la mañana al penal, en tanto que los militares patrullaban Natal, donde en los últimos días hubo ataques contra autobuses y dependencias oficiales relacionados con la guerra entre las bandas de narcotraficantes, observó una fotógrafa de la AFP.

Una barrera de 18 contenedores separará los tres pabellones del denominado Sindicato do Crime RN, de los dos que alojan a miembros del Primer Comando de la Capital (PCC), precisó la policía.

En plazo de quince días, debería ser reemplazada por un muro de cemento, dijo a la AFP una portavoz de la gobernación de Rio Grande do Norte, cuya capital es Natal.

Queda por ver si los presos se mantendrán dentro de esos límites o si buscarán proseguir con los ajustes de cuentas, que se iniciaron el fin de semana pasado con la matanza de por lo menos 26 personas, que en su mayoría pertenecerían al Sindicato do Crime.

El despliegue militar en Natal fue ordenado por el presidente Michel Temer, a pedido del gobernador de Rio Grande do Norte, para frenar los ataques en la ciudad.

La ofensiva paralizó los transportes públicos, que este sábado solo funcionaban parcialmente. La previsión de la gobernación es que se restablezcan completamente el lunes, después de que el domingo se complete el dispositivo, con más de 1.800 soldados en las calles.

La ola de violencia se habría originado con la decisión de trasladar a otro presido a más de 200 reclusos del Sindicato do Crime.

El jueves se produjeron nuevos enfrentamientos con armas blancas, en los que, según la prensa, hubo por lo menos dos muertos, aunque ese balance no fue confirmado oficialmente.

La policía sofocó el sábado otro motín, con saldo de un preso muerto y trece heridos, en la zona rural de Pernambuco (noreste), informaron fuentes oficiales, sin precisar las causas de la rebelión.

La guerra por el control del tráfico de cocaína entre presos del PCC y las facciones rivales, empezando por el Comando Vermelho y aliados suyos -como el Sindicato do Crime-, dejó ya cerca de 140 muertos desde inicios de año, muchos de ellos decapitados.

Las principales masacres se produjeron en Manaos (56 muertos) y Roraima (33), ambas en el norte, seguidas de Natal (26).

La superpoblación en unos penales muchas veces insalubres, que operan a un 167% de su capacidad, es vista por los expertos como el caldo del cultivo ideal para el dominio de las bandas, que tienen en los presidios sus centros de operaciones.

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