La caída de Mugabe devuelve la esperanza a los granjeros blancos de Zimbabue

Delante de la granja de la que fue expulsado, Deon Theron, un zimbabuense blanco, sabe que nunca recuperará sus tierras, pero la caída del presidente Robert Mugabe le ha devuelto la esperanza y cree que el nuevo gobierno recurrirá a gente experimentada como él para salvar la agricultura.

A Deon Theron lo expulsaron en 2008 de su granja de 400 hectáreas, donde criaba ganado y cultivaba maíz, en el distrito de Beatrice, a dos horas de la capital, Harare. No recibió ninguna compensación.

"Me expulsaron tras una serie de intimidaciones, violencia y varios juicios", explica este sexagenario, que ahora trabaja en la hostelería en Harare.

Deon Theron fue víctima, como otros 4.500 blancos, de la reforma agraria lanzada en 2000 por Mugabe. Las tierras fueron redistribuidas entre la población negra.

Oficialmente se hizo para corregir las desigualdades heredadas del pasado colonial. La reforma se lanzó en un momento oportuno para el régimen ya que Mugabe acababa de perder un referéndum constitucional.

Pero en realidad benefició a personas del entorno del régimen, sin equipamiento y a menudo sin formación, con lo que la producción se desplomó. En 2008 representó 880 millones de dólares, contra 2.900 millones en 2001, según el Banco Mundial. Más tarde subió hasta 1.300 millones de dólares.

Con la caída de Robert Mugabe el 21 de noviembre después de 37 años en el poder, Deon Theron entrevé posibles cambios.

"Creo que el nuevo gobierno va a hacer que las personas competentes puedan volver a las granjas", afirma, vestido con camiseta color caqui y unas bermudas oscuras, el atuendo de los granjeros blancos en África austral.

En Beatrice, el portal de su antigua propiedad está cerrado a cal y canto.

La granja, en la que crecieron sus tres hijos, "fue entregada a un directivo del banco central" que pasa en ella los fines de semana, explica.

"Desecho los recuerdos" asociados a esta casa, explica Deon Theron. Pero las lágrimas afloran cuando habla de su jefe de equipo, golpeado hasta la muerte en 2005 en la espiral de violencia desatada por la confiscación de granjas.

Durante su discurso de investidura el 24 de noviembre, el nuevo presidente Emmerson Mnangagwa, exbrazo derecho de Robert Mugabe, insistió en la reactivación económica.

"Mi gobierno está decidido a compensar a estos granjeros a los que privaron de sus tierras", afirmó, juzgando "esencial" el papel de la agricultura en la "reactivación económica".

La dimisión de Mugabe "deja entrever un rayo de esperanza", declara Heidi Visagie, expulsada en 2012 de su granja en los alrededores de Chegutu (centro).

"El nuevo presidente es un hombre de negocios con mentalidad práctica, por lo que somos prudentemente optimistas pese a su pasado salpicado de violencia", añade este hombre.

Emmerson Mnangagwa dirigió en 1983 la brutal represión en las provincias disidentes de Matabeleland (oeste) y de Midlands (centro), que causó unos 20.000 muertos.

Pero como vicepresidente - de 2014 a 2017 - supervisó la política agrícola para hacer frente a la penuria de alimentos y como tal alentó a los granjeros blancos a alquilar tierras con la condición de que no volvieran a sus granjas, según varias fuentes.

"Los granjeros quieren poder arar la tierra", explica Heidi Visagie, que empleaba a unas 300 personas en su plantación de flores que exportaba a Holanda.

Sus empleados "perdieron sus casas y el colegio. Pasamos por delante de la granja y vemos los invernaderos rotos", lamenta.

Actualmente sólo un puñado de granjeros blancos (unas centenas) siguen trabajando en Zimbabue.

Desde 1996 el número de tractores usados para los cultivos pasó de 25.000 a 5.000, según la Asociación de Vendedores de Vehículos Agrícolas (ADMA). En los campos redistribuidos es frecuente ver a gente labrando con bueyes.

 

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