México mantiene en vilo avance de caravana de migrantes hondureños que va hacia EEUU

Miles de migrantes hondureños, que intentan llegar a Estados Unidos, siguen a la espera este sábado de que México decida si abre su frontera y les permite el paso, tras frenar la víspera el avance de la caravana que huye de la pobreza y violencia en su país.

La frontera del poblado mexicano de Ciudad Hidalgo permanece cerrada después de que el viernes la caravana irrumpiera en estampida desde el paso fronterizo de la localidad guatemalteca de Tecún Umán, colindante con México.

Decenas de policías antimotines mexicanos custodian la línea fronteriza en el puente internacional, mientras que miles de migrantes aguardan hacinados sobre el paso y detrás de la valla que los separa de México.

Los uniformados usaron gases lacrimógenos para controlar a la multitud que corrió hacia la frontera mexicana, que pocos lograron atravesar.

Sin espacio ni siquiera para acostarse sobre el asfalto del puente, los indocumentados estiran sus manos por entre los barrotes de más de dos metros suplicando por agua y comida, después de pasar horas bajo el sol y de resignarse a pasar la noche a la intemperie.

"No hemos comido, los soldados solo nos mandaron un poco de agua", comentó con voz cansada Marina Alvarado, de 48 años, que viaja con tres hijos de entre 10 y 18 años.

"Estamos encarcelados aquí, como animales. Por favor que abran la puerta", suplicó Marina sin éxito.

Decenas de niños y bebés se encuentran en la primera línea de la larga columna de migrantes que tienen abarrotado todo el puente fronterizo que cruza el caudaloso río Suchiate, al que incluso algunos hombres se lanzaron durante la estampida para tratar de entrar a México.

"Vamos a esperar que nos abran los portones del lado de México", dijo también Olga Rodríguez, de 24 años, madre soltera que decidió migrar con sus cuatro hijos de entre nueve meses y nueve años.

En medio del mar de migrantes, Olga se abría paso con un carrito en el que llevaba a los niños más pequeños, mientras que a otro que caminaba le ató un cordón a la mano para que no separara de ella.

"No tengo apoyo de nadie en Honduras. Mi sueño es que mis hijos vivan una buena vida", señaló la mujer.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, calificó el incidente en su frontera como "una situación inédita" y advirtió que su país no permitirá el ingreso a su territorio de manera irregular y "mucho menos de forma violenta".

El éxodo ha sido fuertemente criticado por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha amenazado a Guatemala, Honduras y El Salvador con quitarles la ayuda financiera si no contienen la migración ilegal.

Los hondureños salieron en caravana hace una semana de la ciudad de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, tras una convocatoria publicada en redes sociales.

Se estima que más de 4.000 atendieron el llamado y en los siguientes días atravesaron Guatemala caminando y subiendo a camiones, pickups y cualquier vehículo que detuviera la marcha al verlos en la carretera.

La mayoría culpa al presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, de no acabar con los problemas sociales que llevan a la migración.

Hernández anunció en tanto en su cuenta de Twitter que habló con su par guatemalteco, Jimmy Morales, para coordinar el envío de autobuses para que los migrantes que quieran regresar a Honduras lo puedan hacer. Ambos mandatarios se reunirán este sábado en Guatemala para atender la situación.

"Solicité autorización para contratar el transporte terrestre para los que desean retornar y puente aéreo en los casos especiales de mujeres, niños, adultos mayores y enfermos. Seguiremos con este operativo el tiempo que sea necesario", señaló el gobernante hondureño, pese a que los migrantes insisten en que no regresarán a su país.

Durante el trayecto desde su país hasta la frontera entre Guatemala y México, los hondureños han pasado por largas jornadas de caminata bajo el intenso sol y torrenciales lluvias.

El cansancio es evidente entre los migrantes que han encontrado solidaridad en la población guatemalteca que les brindado alimentos, agua y refugio en albergues, muchos de estos improvisados.

Ante el drama, el sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, defensor de migrantes sin documentos, repudió la actitud del gobierno mexicano de cerrar la frontera e hizo un llamado para atender urgentemente a los hondureños varados.

"Repudio enérgicamente la represión que el gobierno de (el presidente Enrique) Peña Nieto está ejerciendo sobre la población migrante hondureña que viene huyendo de la violencia y la miseria. Exijo al gobierno que respete los derechos humanos de los migrantes", indicó Solalinde en redes sociales.

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