Economía y seguridad: grandes retos para el reelegido presidente de Nigeria

La reelección de Muhammadu Buhari como presidente de Nigeria en los comicios del pasado día 23 generó euforia entre sus partidarios, pero el mandatario afronta ahora grandes retos como reavivar la mayor economía de África y reforzar la seguridad ante amenazas como el yihadismo y la rivalidad étnica.

Tras salir a las calles a celebrar los resultados electorales al grito de "Sai Baba" -apodo con que se refieren al mandatario sus seguidores-, la nación más poblada de África (casi 200 millones de habitantes) esperan que Buhari gestione los problemas del país a partir de su investidura el próximo 29 de mayo.

Según el analista político Abiodun Sowumi, el primer desafío de Buhari será calmar los nervios agitados por los comicios -en los que murieron al menos 39 personas, según datos de observadores civiles- y buscar la unidad del país, después de que su principal rival, el opositor Akitu Abubakar, no reconociera su victoria.

De hecho, el presidente electo ofreció un discurso conciliador e incluyente en defensa de la unidad nacional este miércoles, tras ser proclamado vencedor por parte de la Comisión Electoral para un segundo mandato de cuatro años.

"Es positivo que esté buscando un acercamiento con todos los actores políticos", a diferencia del distanciamiento que ha mostrado en ocasiones respecto a grupos étnicos y religiosos distintos al suyo, la etnia fulani (de religión musulmana), aseguró el experto.

De hecho, esta percepción negativa le costó a Buhari durante su primer mandato el apoyo de los habitantes del sureste del país, donde hay una mayoría de la etnia igbo (de mayoría cristiana).

Fue en esta zona donde el mandatario, de 76 años, obtuvo la menor cantidad de votos en las elecciones del pasado sábado, alcanzando el 25 % de los sufragios solo en dos de los cinco estados de la región.

Buhari también perdió el apoyo de otros sectores del país que lo acusan de no actuar contra los pastores fulani, a quienes se considera responsables de la ola de violencia indiscriminada contra los agricultores del centro-norte de Nigeria durante el último año, en una disputa por el uso de las tierras.

En una sociedad tan multiétnica como la nigeriana, el presidente fue acusado durante su primer mandato (2015-2019) de designar a personas de su grupo étnico para que ocupen cargos importantes, en ocasiones en lugar de candidatos más competentes de otros grupos.

Para Isaac Ighure, exsecretario del Gremio de Editores de Nigeria y miembro de la etnia urhobo, que habita la zona petrolera del delta del río Níger, "esto ha generado desconfianza entre todos los nigerianos".

"En los próximos cuatro años, la división entre nigerianos debe ser resuelta", señala a Efe Ighure.

Otro interrogante al que debe enfrentarse Buhari es cómo acabar con la insurgencia islamista en el noreste de Boko Haram, que desde 2009 lucha por imponer un Estado de corte islámico en el país, de mayoría musulmana en el norte y predominio cristiano en el sur.

Pese a que el grupo terrorista se ha mantenido activo durante su primer mandato, asesinando y secuestrando a ciudadanos, incluidas las cerca de 200 niñas de Chibok raptadas en 2015, el presidente ha insistido en que Boko Haram había sido derrotado.

Buhari "debería traer de vuelta a nuestras niñas de Chibok, a Leah Sharibu -una de las adolescentes raptadas en la localidad de Dapchi (noreste) el año pasado- y a todas las personas secuestradas", reclamó Florence Ozor, del movimiento por el retorno de todos los desaparecidos, en la red social Twitter.

El presidente debe acelerar también el crecimiento económico de Nigeria, que durante los últimos años ha sido lento a causa de su fuerte dependencia del sector del petróleo.

Nigeria, primer productor petrolero de África, cayó en una recesión poco después de que Buhari accediera al poder en 2015, cuando los precios del crudo se desplomaron, una tendencia que no lograron revertir hasta el 2017.

Para Ighure, "la inseguridad está alejando a los inversores extranjeros y afecta la capacidad de crear empleos" para millones de jóvenes desempleados.

Nigeria también deberá incrementar durante los próximos años su capacidad para generar energía, algo que permitiría la creación de empleos a gran escala y la diversificación de su economía.

A pesar de la larga lista de retos, los más optimistas creen que Buhari cuenta, tras esta renovada victoria electoral, con una oportunidad única para lograr un cambio en poco tiempo y empezar a construir sobre los logros modestos de los últimos años.

"Espero un nuevo gabinete en pocas semanas", dice el experto en desarrollo internacional Olayemi Olayinka, para quien Buhari "debe hacer una maratón a la velocidad de un sprint, porque hay mucho trabajo por hacer".

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