Civiles tratan de pillar migrantes en Europa oriental

Bla Zidar tiene una misión: patrullar a lo largo de una valla con alambre de púas en la frontera de Eslovenia con Croacia, capturar migrantes que tratan de cruzar, entregarlos a la policía y asegurarse de que son expulsados prestamente del país.

Este exsoldado del ejército esloveno, de 47 años, vestido con ropa de camuflaje y quien luce un largo cuchillo en su cinturón, es uno de numerosos civiles que se describen a sí mismos como “guardias de la patria”, un creciente movimiento contra la inmigración que hasta hace poco hubiera sido inimaginable en esta nación tradicionalmente liberal. El nombre del grupo evoca recuerdos de milicias fascistas de la Segunda Guerra Mundial.

“Preferiría disfrutar de mi jubilación pacíficamente, pero cuestiones de seguridad me lo impiden”, dijo Zidar mientras iniciaba uno de sus patrullajes diarios a pie junto con su esposa cerca de su ciudad, Radovica, en una región idílica de viñedos y colinas cubiertas de bosques.

Zidar dice que tuvo que intervenir porque la policía no vigila la frontera como corresponde para contener el flujo de migrantes, que alcanzó su pico en el 2015, cuando cientos de miles de refugiados del Medio Oriente, África y Asia que le huían a la pobreza y la violencia cruzaron Grecia, Bulgaria, Serbia, Macedonia, Hungría, Croacia y Eslovenia en un esfuerzo por llegar a Europa occidental.

Zidar dijo que tiene seis hijos que a menudo lo acompañan en las patrullas “porque tienen que aprender a proteger su país de los intrusos”.

La presencia de estos grupos refleja la fuerte oposición a la inmigración que se percibe en esta pequeña nación de la Unión Europea, de 2 millones de habitantes, y en el resto de los países de tránsito del centro y el este de Europa. Países como Hungría han sido duramente criticados por sus políticas contra la inmigración. Organizaciones similares de civiles a menudo atacaron a los migrantes que cruzaban la frontera cuando estaba abierta en Hungría y Bulgaria.

La policía de Croacia, miembro de la UE que no es parte de la zona de tránsito libre, es rutinariamente acusada de agredir a los migrantes procedentes de Bosnia. En Eslovenia, las autoridades están instalando cercos adicionales en la frontera con Croacia después de que el entonces ministro del interior italiano Matteo Salvini amenazase con construir “barreras físicas” entre Eslovenia e Italia si no se frenaba completamente el flujo de migrantes.

La fuerte retórica antiinmigrante de Salvini y del presidente húngaro Víctor Orban, que fue el primero en ordenar la construcción de vallas en la frontera húngara con Serbia, tuvo mucho eco en Eslovenia, un país excepcionalmente tranquilo, amante de la naturaleza.

Miha Kovac, analista político y profesor de la Universidad de Liubliana, describió a los civiles que patrulla la frontera como “tipos con una barriga prominente de tanto tomar cerveza que no tienen mucha educación, no han hecho carrera y no saben qué hacer con sus vidas”.

“Encuentran una razón de ser en este tipo de movimientos, en este odio hacia los migrantes”.

Kovac sostuvo que, a corto plazo, estas organizaciones de derecha no representan amenaza alguna para esta diminuta nación. Pero que si la crisis inmigratoria continúa, “estos movimientos pueden tornarse más agresivos”.

“Eslovenia es un país de 2 millones de habitantes y si se instalan 20, 30, 40 o 50.000 inmigrantes, eso puede causar muchos problemas”, manifestó.

Las autoridades eslovenas no parecen preocuparse demasiado por estas patrullas civiles en la frontera mientras no hagan nada que viole las leyes.

“Estos individuos que se organizan por cuenta propia no implican de ninguna manera una desconfianza en el trabajo de la policía”, declaró France Bozicnik, director de la policía judicial en un puesto cercano a la frontera. “Todo lo contrario”.

“La gente nos llama todos los días y nos informa acerca de vehículos o sospechosas. Agradecemos sinceramente esta información”, dijo Boziknik. “Es muy bienvenida y ojalá siga llegando”.

Las imágenes de individuos enmascarados en uniforme militar que empezaron a circular hace un año, sin embargo, causaron malestar entre muchos eslovenos. El grupo de voluntarios más grande, llamado Stajerska Garda, fue filmado jurando garantizar el orden público en este país.

Su comandante, Andrei Sisko, dijo que su objetivo es “entrenar a la gente para defender al país y ayudar a los militares y a la policía en una época de migraciones masivas de países africanos y asiáticos mayormente musulmanes”.

Sisko, quien pasó seis meses preso por sus actividades paramilitaries, insistió en que sus guardias no portan armas reales ni hacen nada ilegal.

“La gente nos apoya mayormente, nos paran en la calle para felicitarnos”, aseguró Sisko en una entrevista con la Associated Press mientras cuatro de sus hombres, que portaban armas de juguete que parecían verdaderas, vigilaban su casa en un suburbio de Maribor, ciudad al norte del país.

Siguen llegando migrantes a la región y organizaciones de derechos humanos han acusado a Eslovenia, Serbia, Grecia, Hungría y, sobre todo, Croacia, de expulsarlos ilegalmente, por la fuerza.

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